Microcuento n.3

Tomando su primer café por la mañana para despejarse, le llamó la atención el gato cazando mariposas en el jardín. No había nada extraño en ello, pero… ¿no eran las mismas mariposas de aquella vez? Las mariposas que salían de los ojos del chico cada vez que pestañeaba en aquella tarde que estaban sentados al lado del río. Se acordaba perfectamente de lo que le costó prestar atención y participar en la conversación porque… – «aquí va una amarilla, ahora una azul con lunares negros, una rosa, espera… ¿puedes repetir? »
Hasta que en un momento oyó un «miau» en vez de un «vale» saliendo de su boca, y en el mismo instante se encontraba en las rodillas del chico ronroneando y tocando sus ojos.
Y ahí estaba otra vez. Solo ahora no estaba a su lado sino al lado de su gato intentado evitar los golpes de la escoba que le daba su madre por haber roto la taza.

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