Narración n. XI

La luz cegadora y brillante del móvil me adormecía. Llega un instante en que uno deja de fijarse en la pantalla, hasta que se disminuye y se convierte en una letra del teclado. Algunas veces tuve suerte y pertenecía a las máquinas de escritores o periodistas, por lo cual, se me puede encontrar en varios libros y artículos. No obstante, hoy, soy parte de tus graciosas conversaciones y publicaciones. Qué toque más suave (será porque te comes las uñas). Entonces marco mi nombre y te invito a que me escribas un mensaje. Te pones a escribir, pero te interrumpe el sonido de la alarma. Me despierto, me doy cuenta de que el toque era de mi gato (que el otro día lo llevé al veterinario para cortarles las uñas), veo la pantalla, el mensaje no me había llegado.

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